domingo, 14 de febrero de 2016

Estació IYR

Estaciones, no de tiempo, sino de lugar. Estación de tren, estación de autobús. Estación de hola y estación de adiós. Estación de alegría y estación de tristeza, sobretodo estación de lágrimas. 

Hoy, de vuelta a mi hogar, no he podido evitar pararme y reflexionar sobre ellas. Este lugar recoge momentos de nuestras vidas, ya sean felices o tristes, para guardarlo en su personal álbum de colección de instantáneas de la vida humana. Pienso que todos los que pasamos por este sitio tenemos un motivo: ver a la familia, negocios, puro placer, la enfermedad de alguna persona cercana, el fallecimiento de alguna de ellas, ... Pueden a ver miles de motivos y las estaciones son simples testigos de ellos. No nos damos cuenta de que estos lugares "escriben" en sus paredes  el nombre de todo transeúnte que pasa por él; los observa con sus ojos casi imperecederos durante su espera y su ida. Es el refugio en las despedidas y bienvenidas, abrazándolo con el calor del día o el frío de la noche o, tal vez, con el artificial cambio de temperatura que logra alguna máquina.

Toda una vida creyendo que lo más duro lo pasa la persona que se queda en tierra; pero no nos equivoquemos, lo pasan mal tanto el que se queda como el que se marcha. Despedidas de duración eterna, siento no poder hablar de las bienvenidas. Hay tal cantidad de despedidas: primerizas, recordatorias de deberes y obligaciones, con beso o sin beso, con abrazo o sin abrazo, breves, intensas, ...
Nunca antes me había dado cuenta de lo duro que es una despedida cuando tu te marchas. Allí donde vaya dejo a una persona durante un período de tiempo con la promesa de volver sano y salvo y recordandole  que no la puedo olvidar, básicamente,  que la tendré presente y llamaré de vez en cuando. Sonaba "In your room" de Depeche Mode  dentro de mi cabeza. Una hablaba de que no me fuera y yo hablaba de no irme. Pero, como he dicho, ha sido una despedida y no existen las despedidas si uno no se marcha ("Estoy colgando de tus palabras, viviendo de tu aliento, sintiendo con tu piel, siempre estaré aquí"). 

Prometido volver. Prometido no olvidar. Prometido no dejarse arrastrar por el torrente de tristeza al marchar. La estación es testigo de la promesa.

PD: Siento no incluir aeropuertos.

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