martes, 22 de noviembre de 2016

Te quise, te quiero y te querré


¿Te acuerdas de la última vez que te vi? Yo aún te recuerdo. Recuerdo tenerte abrazada pero decías que tú, también, tenías mucho en lo que pensar. Y hablabas y hablabas en voz alta pero nadie te escuchaba. Tus palabras, aunque bien dichas, no podían penetrar en un corazón ya apuñalado y destrozado por otras palabras como puñales. No puedo fingir ser otro, ya, a veces, me cuesta fingir ser yo mismo. 

Y después de todo este tiempo, lo único que queda son unos cuantos dibujos, unas cuantas cartas, unas cuantas entradas de cine o teatro, unos cuantos regalos, unos cuantos recuerdos imperecederos, que valen más que cualquier fotografía. Algunos o algunas de esas cosas se desvanecerán; otras, imposibles de desaparición, dejaron una huella, una pequeña huella en un lugar abandonado o que siempre trate de ocultar con el velo de un pasado presuntamente ya olvidado. Y aunque no lo creas, tome todo lo que dejaste como herencia y lo hice mío. Todos esos días soleados o nublados, todas esas palabras malas o buenas, todas esas lagrimas de alegría o tristeza, son mías. Tan mías que seguramente nunca compartiré, pues temo que un mundo entero pudiera conocer y murmurar a mis espaldas. No quiero utilizar la palabra secreto pero hay algunas cosas que nunca estuvieron, están o estarán preparadas para ser contadas por no poder ser comprendidas o entendidas por el hombre actual, ya ciego a todo amor o pasión. Y si escribo esto no es por hacerte mal, y si alguna vez te hice daño, tú nunca fuiste la razón. Recuerda que simplemente soy un hombre colmado de vicios o virtudes, de destreza e inutilidad, y, sobretodo, a veces, aplastado por el peso del mundo. Pero si hay algo que debes recordar, algo que merece la pena y que es de gran capital, es que una vez, por no decir todos los días, pensé y pienso que un día sin tocarte, sin abrazarte, sin besarte, sin sentirte, sin oír tu voz, es un día aciago de color gris olvidado.
Como sobre todo hombre hay un cielo lleno de estrellas, tu fuiste la razón por la que hoy ese cielo, en antaño oscuro, es resplandeciente. Muchas veces son las que miro hacia arriba para que ellas me guíen y, en otras ocasiones, simplemente, por nostalgia o egoísmo. Y esa es la consecuencia de tu paso por mi vida; y espero, tal vez por egoísmo, otra vez, que similar efecto haya tenido yo en tu vida y no por simple rutina. Donde tu vistes acantilados en tu camino, yo avisté puentes y, por ello, acerté o creo haber acertado y por eso estás donde estás hoy. ¿Me puedo considerar al menos una pequeña estrella?
No me quiero tirar más flores, porque no sé si las merezco. Tampoco sé si tú las tirarías, ni después de leer lo que te escribo, ya que sencillamente son palabras, aunque a veces son el arma más mortífera.

Y, otra vez, aunque no lo creas, te quise, te quiero y te querré siempre.


2 comentarios:

  1. Que texto bonito Juanma. Romántico, alegre y triste a la vez. Me gusto mucho.

    Un beso!

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    1. Gracias Celeste. Sinceramente, no sabía si publicar esta entrada. Tengo escritas varias entradas similares pero siempre me da un poco de "vergüenza" publicarlas y, sobretodo, darles publicidad.

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